martes, 22 de diciembre de 2020

 

TEMA  : “GOD IS WITH ME” (Beato Joan Roig Diggle).

FECHA: HOMILÍA PRIMERA COMUNIÓN ST.PETER’S SCHOOL  /  2020

El  celebrar la Santa Misa en el patio de formación de nuestro Colegio, obedece al hecho de estar inmersos en la batalla contra la mayor pandemia de los tiempos modernos. Sin duda, reconocemos que esta Misa tiene un carácter “excepcional” si consideramos el lugar, día, asistentes y preparación. Todo se presenta como diferente, donde lo único que parece no cambiar l el tiempo que inexorablemente avanza.

El insigne escritor inglés Shakespeare, en una de sus obras, relata parte de la arenga hecha por el Rey Enrique V a las tropas antes de ir al combate  Azincourt (1415):  “Nos pocos, nos felices pocos, nos banda de hermanos, porque aquel que hoy vierta su sangre conmigo será mii hermano, por muy vil que sea. Este día ennoblece su condición. Y los caballeros ahora en sus lechos de Inglaterra se consideraran desdichados por no haber estado aquí, y tendrán su hombría en poca estima cuando oigan hablar a aquel que luchará con nosotros en este día”.

Primera Comunión Saint Peter's Viña 2020

Nadie duda que esta Misa de Primera Comunión en su carácter de excepción en relación a similares realidades eclesiales y educativas que han suprimido  o postergado la preparación en orden a recibir a Jesús Sacramentado, implica una gracia de predilección que conlleva un mayor y permanente compromiso con Jesús que los llamó con el fin que permanezcan unidos a Él.

Ninguna gracia, ninguna realidad, ninguna alegría es comparable a la que hoy recibirán por primera vez en la persona de Jesús sacramentado, toda vez que nada hay más necesario, bello y que colme de gozo nuestra alma como lo es, estar junto al Señor: “Llevaré una ofrenda de acción de gracias y oraré en tu nombre Señor” (Salmo CXVI,17).

Entonces, nos  preguntamos ¿qué implica estar con Dios?

Estar con una persona es más que recordarla. Aunque tengamos presente todos los días y todo el día –si ello fuera posible- a un ser querido, nuestra mente no pude hacer que ese aquél esté a nuestro lado de manera real y palpable. En la Misa no recordamos sino que asistimos de manera presencial al momento donde Jesús ofreció su vida por nosotros por medio de una cruz.

Estar con alguien entraña algo mayor que estimarla: Aquel sentimiento por diáfano que sea, en modo alguno,  podrá tener la capacidad de una entrega y comunión como la que si se realiza en cada Eucaristía. Con entusiasmo se corre un instante, con la amistad de Jesús en la Santa Misa se avanza toda una vida.

Estar con alguien implica una entrega reciproca: A la celebración de la Misa se le llama el “Sacramento del Amor”, pues en el Jesús se ofrece al Padre eterno como víctima eficaz para restablecer la amistad del cielo con la tierra. Por ello, recordamos que cuando alguien toma la cruz algo de ella queda y,  en ella,  algo de cada uno permanece. ¡Lo mismo acontece con la hostia santa que vamos a recibir! Algo de Dios viene y algo a Dios va.

Junto a Jesús siempre

Los lazos de pertenencia se estrechan cuando juntos somos capaces de enfrentar las adversidades. Al arreciar las dificultades constatamos que lo que para unos puede ser motivo de distanciamiento, para el creyente, que descubre que Dios guía cada uno de sus pasos, es ocasión de estrechar el vínculo con el Señor. Por ello, asumiendo lo recio de los tiempos que vivimos, somos capaces percibir que las dificultades son más llevaderas si acaso nos reconocemos como peregrinos hacia una meta común.

Tal como aconteció al caer el día de la resurrección de Jesús, el evangelista que relata el episodio  en todo momento habla en plural. No es un acontecimiento que se vive solo, sino que aquellos jóvenes peregrinos de Emaús, que habían puesto juntos la esperanza en el Señor (por lo fueron a Jerusalén a verle), que vivieron unidos lo que para muchos se sobrevino como un desastre, ahora, -a tres días de la muerte de Jesús- de regreso a su pueblo, a su familia, a los suyos, son testigos que su mutuo caminar se transforma en el más feliz de los encuentros cuando Jesucristo se aparece ante ellos y camina  con ambos, Sólo balbucean unas pocas palabras diciendo luego: ¿No ardía nuestro corazón mientras nos explicaba las escrituras y estaba junto a nosotros?

Como en aquella tarde, donde dos jóvenes vieron a Jesús, lo reconocieron y cenaron con El, hoy ustedes –queridos niños- van a participar de la verdadera alegría que nace del hecho de estar con Jesús en el corazón, van a tener la certeza que emerge de una fe que busca cumplir la voluntad de Dios como un imperativo que marcará un sentido para toda la vida.

Alumnos Colegio Saint Peter's Viña 2020

En efecto, una vez que encontramos a Jesucristo resulta imposible desentenderse de su persona, porque –Dios no lo permita- podemos olvidarlo un día, hasta quizás renegar de sus palabras, pero en ningún momento,   Él dejará de esperar y encaminar sus pasos hacia el lugar donde estemos, por lo que tendremos siempre la posibilidad de elevar la mirada, de regresar a la casa del alma como es la Iglesia, de encaminar nuestros pasos a una conversión  tal como lo experimentaron los jóvenes peregrinos de Emaús, cuando vieron al Señor.

Queridos niños: Nadie duda que el momento en que ustedes reciben a Jesucristo en su Primera Comunión es especial. Y este año aunque ha presentado muchas limitaciones también nos ha permitido descubrir tesoros que quizás permanecían ocultos ante la vorágine de actividades que cotidianamente realizábamos hasta hace casi nueve meses:  La convivencia al interior del hogar, la profundización en determinadas materias, una mayor capacidad para “masticar” intelectualmente la realidad, pensando los acontecimientos, poder disponer de mayor tiempo de uso personal –perdido en interminables traslados de un lugar a otro- que en ocasiones ha permitido a las familias valorar simplemente el estar juntos y orar haciendo realidad las enseñanzas de un viejo sacerdote irlandés (Patrick Peyton), promotor del Santo Rosario: “Familia que reza unida, permanece unida”.

Como Dios no improvisa al momento de acercarse a nosotros, este tiempo de pandemia más que una oportunidad ha sido ocasión privilegiada para que como creyentes procurásemos estar del lado de la balanza en la virtud y no en el vicio, lo que encierra  la clave en la vida espiritual de los mejores hijos de nuestra Iglesia que son los Santos, los cuales,  poderosamente interceden en el Cielo con mayor incidencia con que lo hicieron en este mundo, a la vez que constituyen un modelo a imitar en virtud de la sintonía que tienen en relación a lo que cada uno vive día a día.

Como el Dios Eucarístico no deja de hacernos múltiples gestos de benevolencia a lo largo de toda nuestra vida, es particularmente en la infancia y la juventud donde vemos su mano providente que actúa con evidente delicadeza y habitualidad. Por eso dijo: “Dejad que los niños vengan a Mí y no se impidáis,  porque de los que son como ellos es el Reino de los Cielos”, alzando como ejemplo de vida cristiana las características propias de una verdadera infancia: espontaneidad, rectitud de intención, pureza de las costumbres, confianza en Dios y sus padres, sentido religioso de la vida, y probada fidelidad hacia los amigos.

Providencialmente los santos más jóvenes elevados a los altares como beatos este año en curso (el año que vivimos en peligro) han sido dos hijos nacidos en la denominada “Isla de los Santos” como es Inglaterra. Ciertamente, en el pasado y presente, desde  aquella región la virtud y santidad, no exenta del martirio, nunca han dejado de sobresalir para bien de toda nuestra Iglesia con nuevos santos y beatos, como es el caso de un joven de quince y otro de diecinueve años.

Capellán Colegio Pbro. Jaime Herrera González

Además, los dos beatos son jóvenes que amaron la presencia eucarística de Jesús, tomando muy en serio su compromiso de estar con Él desde su primera comunión, dedicando el “tiempo premium” de cada jornada y no el “tiempo sobrante”. A temprana edad descubrieron que desde el sacrificio realizado por Jesús en la cruz por cada uno de nosotros, la vida de cada uno adquiere sentido si acaso se emplea en bien de los demás pues, “quien vive para servir, sirve para vivir”. 

Este lema es el que vivieron el joven Carlo Acutis Salzano, nacido en Londres en 1991 y que murió el 2006 a los quince años. Desde pequeño iba siempre a la Misa dominical, ayudando en ella como acólito –como los dos exalumnos que hoy nos ayudan- , luego participaba en la adoración al santísimo sacramento y organizó una exposición virtual de milagros eucarísticos para los niños y adolescentes que se preparaban a la Primera Comunión. Con sólo doce años ya tenía la “película clara” de su vida, distinguiendo entre lo importante y lo principal, entre lo que me sirve y lo que me aleja de amar a Dios sobre todas las cosas, en colocar en su escala de valores procurar ser más sobre tener más.

El segundo beato anglosajón de este año de pandemia, tiene a su madre nacida en la Isla de los Santos, se llamó Joan Roig Diggle quien dio su vida por amor a Jesús en la Eucaristía a la edad de diecinueve años. Como el nuevo “Tarsicio” de este milenio, su misión como joven católico en tiempo de persecución fue llevar la comunión a las casas, a quienes no podían recibirlo por largo tiempo Era tal su amor por la Santa Misa que dijo a su confesor que iría a Francia a buscar un lugar donde ir a comulgar aunque ello era de mucho riesgo para su vida.

First Communion Chile


Al despedirse de su madre le dijo: “God is with me” (Dios está conmigo). Sus últimas palabras fueron dirigidas a quienes lo iban a fusilar: “que Dios os perdone como yo les he perdonado”. El Obispo de Roma actual le denominó como: “testigo de Jesús en el lugar de trabajo”.

Este último punto es fundamental: El trabajo de ustedes niños es recrear este tiempo de estudio desde la perspectiva de la presencia eucaristía del Señor. ¿Acaso podemos ocultar a los demás el gozo de estar unidos  a  Jesucristo? Si de verdad  estamos con El, asumimos sus enseñanzas y nos llenamos de su gracia, entonces constituye un imperativo darlo a conocer a los que están junto a nosotros todos los días, especialmente en el Colegio, donde pasamos tanto tiempo cada día.

¡Se tiene que notar que somos del equipo de Jesús!

Para ello, contamos con la cercanía maternal de la Virgen María que en todo momento vela por nosotros. Si en toda mujer y madre podemos develar aquel ser “que tiene algo de Dios por la inmensidad de su amor”, ¿qué no podríamos añadir al hablar sobre aquella que el mismo Señor preparó en virtud que sería la Madre del Divino Redentor?

Su poder de intercesión no tiene otro limite que lo que Dios dispone por amor: llena de fe al enfrentar todo peligro y persecución, llena de esperanza cuanto todos parecieron vacilar; llena de una caridad diligente que buscó satisfacer toda necesidad, especialmente de las almas desnutridas e inmersas en la mayor de las pandemias espirituales que suelen asfixiar cualquier iniciativa. 

¡Que Viva Cristo Rey!

Cristo Vivo en pandemia


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